Las casualidades

Puede que dobles la esquina tan rápido y tan pegado a la pared que alguien que venga en sentido contrario esté haciendo lo mismo y os deis un cabezazo leve e intrascendental y os pidáis disculpas mutuamente y cada uno se vaya por su camino y no os volváis a ver jamás salvo que demores malignamente el instante del encuentro porque no quieres olvidar a la persona con la que te has cruzado lo que quieres más bien es que se venga contigo a cualquier sitio y poder seguir mirándola y que te diga mañana a las trece y treinta en la gare y tú le preguntes qué gare y ella te diga que en la de tren porque no hay otra gare más que ésa y a las trece y treinta exactamente estarás allí buscándola y puede que tarde en venir y tú dudes de si vendrá pero no pensarás que te has equivocado de hora porque no te dijo la una sino las trece y eso es tan inequívoco como su abrigo rojo apareciendo en una esquina a eso de las trece y treinta y cinco pero se le perdona el retraso porque cinco minutos más no son tantos en cambio sí le comentas como casualmente lo de que te haya citado a las trece y treinta y no a la una y media del medio día como hubiese dicho cualquier persona o casi cualquier persona y ella te dice que le gusta que los días tengan veinticuatro horas y no doce horas repitiéndose dos veces y como tú conoces el funcionamiento de las máquinas en general porque siempre se te dieron bien los enchufes le fabricarás un reloj de aguja que marque las veinticuatro horas y lo harás cambiando el motor original por uno que tenga la mitad de revoluciones por minuto o poniendo al final de la maquinaria una polea que reduzca la velocidad de las agujas pero a lo mejor te has equivocado con los cálculos porque el reloj funciona de la misma forma que si tuviese veinticinco horas es decir que cuando en el mundo son las cero cero o las doce de la noche como diría cualquier persona o casi cualquier persona en la casa de ella es la una de la mañana y para que el reloj no se vaya desfasando cada día una hora lo que haces es quitarle la cartulina y dibujar otra con veinticinco secciones es decir veinticinco horas y así cuando en el mundo sean las doce en su casa serán las veinticinco y ella le hará mucha gracia que los días tengan veinticinco horas y te dirá que así se le pasa el tiempo más despacio pero tú crees todo lo contrario porque si las horas son más cortas avanzan más rápidamente y lo normal es que dé la sensación de que las cosas suceden más rápidas pero ella dice que no y tú te callas porque te ha invitado a tomar café en su casa a las dieciséis treinta hora local que en tu Casio coincide más o menos con las cuatro menos diez según la regla de tres que has hecho de dieciséis con cinco es a veinticinco lo que equis es a veinticuatro y te ha dado una hora y a esa hora llamas a su casa y mientras ella se sirve el café tú juegas a romper con las manos los terrones de azúcar o a borrarles los ángulos a los morceaux traditionnels pero no voy a seguir por ahí porque esto parece de Cortázar y me cago en Cortázar y en sus muertos lo que quiero decir es que esa misma noche me invitó a cenar y me dijo que trajera vino y luego me censuró porque el vino de cartón según ella se hacía con polvos cómo que se hace con polvos con polvos de qué vaya no lo sabía no sé yo si eso será legal pero si te empeñas la próxima vez compro una botella de cristal aunque eso sí no me voy a gastar más de tres euros que luego saben todas igual y si comprase la más barata y te dijera que vale diecisiete euros te lo creerías y me dirías qué bueno está este vino claro que sí pero yo soy tan honrado que te digo siempre la verdad y soy tan honrado que en vez de cruzarme contigo aquel día me crucé con una anciana y jamás te conocí porque tú crees en las casualidades pero yo no y le pedí disculpas a la vieja y ella se fue dando pasitos de cuervo y yo me quedé toda la tarde como sintiendo que se me había perdido algo.

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